Si necesitas facturar un trabajo puntual sin tener empresa, el obstáculo suele ser el documento, no el trabajo. La contabilidad de tu cliente no puede registrar el gasto sin una identificación fiscal en la factura, y tú no puedes emitirla. Ahí se quedó parado durante tres semanas un proyecto de ilustración de 750 € en Ciudad de México.
Diego dibuja para ganarse la vida, más o menos. Ilustración como complemento de otros trabajos: seis o siete encargos al año, casi todos de gente que lo encuentra por Instagram. La portada de un disco. La carta de una taquería en la Roma Norte que le pagó en parte con comida. Nada que hubiera necesitado un contrato, y mucho menos una empresa.
En abril le escribió un estudio de diseño de Valencia. Estaban armando una presentación para uno de sus clientes —un productor de aceite de oliva que iba a por los lineales de supermercados del norte— y querían ilustración en lugar de fotografía. Marta, la directora creativa, llevaba dos años siguiendo el trabajo de Diego sin haber tenido nunca un proyecto que encajara. Este sí: seis piezas, trazo suelto y hecho a mano, en el estilo que él venía publicando. 750 € por el set, dos semanas, cerrado por correo.
Entregó a tiempo. La respuesta de Marta llegó esa misma tarde y era del tipo que los ilustradores guardan: mejor que el briefing.
Dos días después, un correo reenviado de la contable del estudio. ¿Podía volver a enviar la factura con una identificación fiscal? Sin eso no podía registrar el gasto.
No era que ella estuviera poniendo problemas. En España una factura es un documento fiscal con campos obligatorios, y la identificación fiscal del proveedor es uno de ellos. Sin ese dato el estudio no puede deducir el gasto —así que el documento que Diego había enviado, con su nombre y su número de cuenta, no le servía de nada por mucho que le gustaran las ilustraciones.
A Diego nunca le habían pedido eso. La taquería le había pagado en efectivo y en tacos.
Pasó una noche leyendo sobre darse de alta en México y salió con una idea bastante clara: es un trámite real, con un calendario de declaraciones mensuales permanente detrás, y no iba a producir una factura en la semana que la contable de Marta estaba esperando. Tampoco era una cuestión que empezara con este proyecto: llevaba ahí en cada encargo que había aceptado, y seguiría ahí después.
Lo que necesitaba ese día era una factura que el estudio pudiera registrar.
Tres semanas después de entregar el trabajo, todavía no la tenía.
Remotify es una empresa estonia con número de IVA intracomunitario. Emite la factura al cliente en su propio nombre: Remotify, y no el freelance, es la parte proveedora en el documento. Así que lo que llegó a Valencia fue una factura con una identificación fiscal de proveedor, que era justo lo que faltaba.
La contable de Marta la registró igual que registra cualquier otra factura de proveedor. El estudio pagó a Remotify, Remotify pagó a Diego menos su comisión, que está en la página de precios. La verificación de identidad (KYC, del inglés know your customer, el paso habitual antes de que cualquier plataforma de pagos pueda mover dinero por ti) se hizo una sola vez, al registrarse.
Lo que no cambió: Remotify no presenta, no retiene ni gestiona los impuestos de nadie. La situación de Diego con el fisco mexicano sigue siendo suya —estaba ahí antes de este proyecto y sigue estando ahora—. Remotify resolvió la factura, no la declaración, y siempre fueron dos problemas distintos.
A principios de mayo las ilustraciones estaban en la presentación del estudio. Marta ya le ha preguntado por un segundo set.
Las normas fiscales cambian de un país a otro y de un caso a otro. Si estás en una situación parecida, pregúntale a un contador en tu país en lugar de dar por hecho que el caso de Diego es el tuyo.
Remotify emite la factura a tu cliente en su propio nombre, así que el cliente recibe un documento con una identificación fiscal de proveedor aunque tú no tengas ningún negocio dado de alta. Tus obligaciones fiscales en el país donde vives son un asunto aparte y no cambian.
Porque en España y en la mayor parte de la UE una factura es un documento fiscal con campos obligatorios, y la identificación fiscal del proveedor es uno de ellos. Sin ese dato el cliente no puede registrar ni deducir el gasto, y por eso lo piden aunque el trabajo les haya encantado.
Sí. No hay un número mínimo de trabajos ni una duración mínima de contrato.
Depende de dónde vivas, y es una pregunta para un contador local. Algunos países tienen una categoría para ingresos ocasionales; otros, como México, exigen darse de alta por cualquier actividad económica. Remotify se encarga de la factura al cliente; no sustituye una obligación de alta local.
No. Remotify no retiene ni presenta impuestos por ti. Se encarga de la factura y del pago, nada más.
Remotify emite la factura en su nombre, con identificación fiscal de proveedor.
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